lunes, 15 de febrero de 2010

derecho de pernada

En un estudio de diseño existen dos tipos de clientes: la empresa privada y las instituciones públicas. 

El proceso creativo, común para cualquier trabajo, tiene varias fases: 

1. La búsqueda de información. 

2. Dar con la idea perfecta.

3. La realización de dicha idea.

Todo este proceso supone mucho trabajo, pero dar con la idea, normalmente, es  lo que más cuesta y es lo que paga el cliente. Porque nosotros, en definitiva, vendemos ideas.

Hasta aquí todo claro, ¿no?

Pues entonces, ¿por qué algunas instituciones, y remarco lo de algunas, se sienten con el derecho a pedir propuestas y no pagarlas?, ¿por qué son más especiales que otros clientes? 

Me explico: te "invitan" a un concurso restringido de imagen gráfica para un evento, si entras en el juego haces la propuesta, si les gusta te llevas el trabajo y si no, has trabajado gratis. Todo el tiempo y el esfuerzo no sirven absolutamente para nada. Además, cuando no aceptas, siempre te queda la duda de si te volverán a llamar, por ésta y otras razones quien más y quien menos alguna vez ha pasado por el aro. Y en todos los libros de Historia esto es lo que se llama, derecho de pernada y debería estar abolida hace siglos. Y por si alguien todavía no lo ha entendido (siempre hay alguno/a que se hace el loco/a), pondré un ejemplo muy de andar por casa: a nadie se le ocurre decirle a dos fontaneros que hagan el mismo trabajo y que pagará sólo el que más le guste, porque seguramente acabará nadando en su propia casa. 


Lo que está claro es que no se puede tener una buena imagen muy trabajada y pensada y que además salga gratis, de esta manera acabamos perdiendo todos.

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